Palacio Marquesal

De otro de los que pudieron ser grandes edificios de Mondéjar, el palacio marquesal, no quedan hoy sino mínimos restos entre otras cosas porque nunca se llegó a concluir. A espaldas de la iglesia, presidiendo estrecha plazuela, se ve el muro cubierto de sillares ostentosamente almohadillados, centrado por un arco que pudo servir de entrada secundaria, hoy ocupado por una ventana enrejada. El estilo de ese fragmento de fachada es indudablemente de Pedro Machuca, el arquitecto que puso las galas del Renacimiento toscano en lo alto de la Alhambra granadina y que muy posiblemente recibiera el encargo de su señor, el capitán general de Granada y a un tiempo marqués de Mondéjar, para que le hiciera en su villa de La Alcarria un edificio similar. No se concluyó y hoy vemos un viejo y maltrecho caserón en cuya portada lucen los escudos pétreos de Mendoza, Figueroa y Velasco, con una ancha escalera que parte del zaguán y los restos de lo que fue magnífica huerta, parcelada y dedicada en sus diversos tramos a santos de la celestial corte, en un intento de antiguos marqueses de sacralizar su entorno agrícola y recreativo.

Hubo otro edificio, el Hospital de San Juan, del que apenas quedan los restos, que fue mandado construir por el marqués de Mondéjar en 1556 a su arquitecto Nicolás de Adonza, según consta de algunos documentos en el Archivo del marqués de Ariany. Se construyó enseguida, aunque sin ningún detalle de merecimiento artístico. En la Relación que el pueblo envió a Felipe II en 1580, se decía de él "ay un Ospital que se llama de Sn. Juan, donde se hacen muchas limosnas y se recogen muchos pobres, y en él una Yglesia donde se dice Misa a los pobres". En 1752 todavía se utilizaba el Hospital mondejano.

Antiguas crónicas y relaciones asegurar que el castillo de Mondéjar era de los mejores de toda Castilla. Parece difícil hoy día seguir manteniendo esta aseveración al comprobar que no queda absolutamente ni rastro del tal edificio. Sin embargo, ello es cierto y el conde de Tendilla mantuvo en él una resistencia notable al ataque de Pedro de Castilla. Los Reyes Católicos, como hemos visto, mandaron derribarlo, al igual que hicieron con otros muchos alcázares de su reino, en evitación de alzamientos de la nobleza, En el siglo XIX y según nos refiere el Diccionario de Madoz, todavía se veían restos de dicho castillo.

Lo que si quedan visibles en Mondéjar son los restos de sus antiguas murallas que envolvían a la población, confiriéndola fuerza y respetabilidad. De ellas, que eran grandes y fuertes, sólo quedan hoy algunos maltrechos fragmentos, un par de cubos y la traza de una puerta de entrada a la villa por el sur. En cualquier caso, testimonio relevante de su poderío en antiguos siglos.

Distribuidas por sus calles aún se ven numerosos ejemplos de antiguos palacios y nobles casonas. Son la imagen fiel de lo que Mondéjar era en siglos pasados. Especialmente grandiosa es la casona de los López Soldado, en la calle Mayor de la villa, rematando su puerta con un escudo de armas de los poseedores, que fueron ricos propietarios de la zona. Algunos otros ejemplos puede encontrar el viajero en su paseo reposado por las calles del pueblo.