
La villa de Mondéjar se presenta al viajero como una larga travesía que no aporta la impresión del extenso caserío que la compone. La población que posee una altitud de 805 metros sobre el nivel del mar, ocupa una zona irregular de terreno, la parte más alta de la cual es el cementerio. Desde las eras que rodean al mismo se tiene una visión general de la villa y sus monumentos. Aunque bien indicada su localización, quedan estos ocultos en su mayor parte a los ojos del transeúnte. La iglesia de Stª María Magdalena, de la que el insigne cronista alcarreño Layna Serrano dijo que ofrece un magnífico golpe de vista por su grandiosidad y elegancia es obra de transición entre unas naves claramente góticas y unas portadas claramente renacentistas, y que junto a la torre, que al parecer se acabó en 1560, son debidas a Nicolás de Adonza. Esta obra de arte ha sido estudiada por numerosos historiadores. El convento de San Antonio, que el pasado año 1989 celebró su quinto centenario, ha sido asimismo obra que ha inspirado a los eruditos como el profesor Gómez Moreno o el cronista Layna Serrano que trató el tema en su obra "Historia de Guadalajara y sus Mendoza", siendo el Dr. Herrera Casado el último en tratar de dicho monasterio en el quinto centenario de su fundación. El palacio marquesal, obra hoy prácticamente desaparecida, en el que todavía podemos observar las dovelas de un arco y un almohadillado serliano, fue una obra que presentó claras trazas manieristas, En la actualidad apenas restan algunas dependencias convertidas en casas de vecinos, un insulso patio, y unos jardines transformados en corral y cocheras para maquinaria agrícola. Por bien asfaltado y cuidado camino, pasando cerca de las ruinas del ya comentado convento de San Antonio, se llega a la ermita de San Sebastián, situada en un otero desde el que se divisa el pueblo todo, la teoría ondulante de sus tejados presididos por el recto grito de la torre parroquial. Esta ermita se sabe que fue construida a principios del siglo XVI a costa también del primer marqués de Mondéjar. Posteriormente ha ido sufriendo reformas y ampliaciones y, por supuesto, lo que hoy se contempla en ella es obra de centurias más recientes. A pesar de su aspecto moderno, de las múltiples construcciones que han ido, paulatinamente, transformando la cara y el cuerpo de Mondéjar, haciéndola tomar el aire de una villa incorporada plenamente al siglo XX, sin embargo, aún conserva los suficientes encantos como para ser tenida por muy digna de recibir una visita en el plano turístico y con el bagaje denso de su historia, que acabamos de ver, nos ofrece la posibilidad de ir contemplando, uno a uno, despaciosamente, todos los monumentos que aún atesora. |