Ermita de San
Sebastián
Los Judíos
El interés artístico de esta ermita radica en la amplia cripta que posee, semisubterránea, en la cabecera del templo, indudablemente construida cuando en el siglo XVI se levantó el edificio por vez primera. Consta ya en 1580 la existencia de los «Pasos» numerosos que representan la Pasión de Cristo y que popularmente se han venido denominando los Judíos, que hoy constituyen una de las principales atracciones de Mondéjar. Ya en 1719 precisaron de una reforma meticulosa, por su deterioro y fue encargado de ella el fraile jerónimo de Lupiana fray Francisco de San Pedro, costeando el arreglo don Alonso López Soldado. Siglos después, en la guerra civil española de 1936-1939, volvieron a sufrir importantes daños, pero a partir del verano de 1973, gracias a la generosa aportación económica de todos los vecinos, con la colaboración de la Cofradía del Santo Cristo, fueron totalmente restaurados y en torno a ellos montado un espectáculo de luz y sonido que capta la atención y la emoción del visitante.
Consta este conjunto de los Judíos de Mondéjar de diversos pasos o
escenas de la Pasión de Cristo (el Lavatorio de Pies, la Ultima Cena, la Oración del
Huerto, el Camino del Calvario, la Crucifixión, el Sepulcro, la Resurrección, etc.),
así como una interpretación de la Virgen María recostada. Todo ello está construido
con yeso, a un tamaño algo mayor del natural, pintado con vivos colores que prestan al
conjunto un aspecto sorprendente, inusual e inolvidable.
Las Relaciones de Felipe ll de 1581 nos hablan ya de "muchas hermitas en los
términos de la dicha villa", actualmente solo se conservan dos: la de San Pedro,
que se encuentra al pie de la carretera Perales-Albares. Es una pequeña edificación
cuadrada de una sola planta sin trascendencia artística realizada en sillarejo; y la de
San Sebastián emplazada en un pequeño cerrete al este de la villa y a la que se accede
por un camino que discurre paralelo al lecho vacío del antiguo ferrocarril de vía
estrecha Madrid-Aragón.
La ermita de San Sebastián conocida popularmente por "el Cristo", alberga una imagen de Jesús crucificado por la que sienten especial devoción y cariño los mondejanos y a la que debe su sobrenombre la ermita.
Fue mandada construir por D. Iñigo López de Mendoza, segundo Conde de Tendilla y primer marqués de Mondéjar. Las noticias contrastadas en sus testamentos de Estremera de 5 de Mayo de 1489 y de Granada de 18 de Julio de 1515 así parecen probarlo. En el primero de ellos, que se conserva en la colección Salazar de la Real Academia de la Historia, entre otras disposiciones leemos que a costa de sus bienes se acabe de edificar la ermita de San Sebastián de Mondéjar. En el segundo D. Iñigo López nos dice: "otrosí mando que se acabe a costa de mis bienes la hermita al Señor Sant Sebastian de la mi villa de mondéjar". Este documento se encuentra en la Sección de Casa de Osuna del Archivo Histórico Nacional.
Esto indica que las obras debían ser muy lentas, ya que los veintiséis años que separan ambos testamentos no habían servido para terminar la ermita, probablemente por la cantidad y la magnitud de las empresas acometidas por el primer marqués de Mondéjar.
En las antedichas Relaciones Topográficas de Felipe II y refiriéndose alas ermitas de la villa podemos leer: "una la de San Sebastián, de obra curiosa y de especial devoción por las capillas subterráneas, en donde se admiran y veneran los pasos de la Pasión de Nuestro Redentor, que están muy contemplativas".
Durante el siglo XVIII aparecen diversas noticias sobre la ermita. En 1719, el fraile jerónimo del monasterio de Lupiana, Fray Francisco de San Pedro, trabajó en las estatuas, mejorándolas, siendo sufragado el gasto por un noble de la localidad, D. Alonso López Soldado . Asimismo en los libros de cargo de ese siglo se nombra la ermita que cobija un Cristo célebre.
Durante el siglo XIX son nulas las noticias acerca de la ermita y de
los Judíos. En el actual siglo asistimos a la casi completa destrucción de las
figuras durante la Guerra Civil (1936-39), y así permanecieron hasta 1973 en que por
iniciativa de la Hermandad del Santo Cristo del Calvario, se restauraron y quedaron tal
como las vemos actualmente.
Los Judíos en los últimos 100 años
Durante el último tercio del siglo XIX, la ermita de San Sebastián y los Judíos ' se encontraban cuidados por un polifacético personaje natural de la villa, llamado Andrés García, pero más conocido por su apodo "Soperillo". Albañil de profesión, como tal dejó algunas pequeñas obras en la iglesia parroquial, que desaparecieron durante los destrozos causados en la última Guerra Civil En el invierno realizaba rodillos de piedra para las eras junto a otros compañeros. También dejó su impronta en la ermita y junto a la puerta de entrada a la cripta colocó una calavera con la inscripción, "Cual me ves, cual te verás", que demuestra el carácter irónico y a la vez reflexivo de Andrés García. No solo se dedicaba a realizar pequeñas obras de albañilería sino que en sus ratos libres los enseñaba con gran respeto.
Seguidamente a la desaparición de "Soperillo" y hasta la llegada de la familia Alcázar-Velasco presumiblemente podríamos encontrar algunos guías del monumento pero su menor relevancia humana nos enfrenta a un vacío.
Las memorias de nuestros colaboradores han estado más prestas al recordar pretéritas tradiciones religiosas que los antiguos moradores de Mondéjar tenían con respecto a la ermita del Cristo.
A principio de siglo era frecuente que se realizaran misas de encargo, al finalizar las mismas los encargantes preparaban chocolate y se solazaban con el invite en los alrededores de la ermita, junto a una gran encina llamada de las cinco llagas, y de la cual apenas quedan unos troncos tras un desafortunado incendio que la destruyó. Numerosas generaciones de mondejanos han subido por aquellas ramas para practicar sus juegos infantiles.
Cuando llegaba la Cuaresma la ermita de San Sebastián acentuaba su protagonismo en la vida religiosa de Mondéjar. Eran frecuentes los Viacrucis hasta ella, ya que el camino se encontraba escoltado por sus estaciones. En la explanada detrás de la ermita y junto a la antedicha encina había tres cruces que representaban la última estación y que eran conocidas como el Calvario.
En el transcurso de la Semana Santa, la ermita aumentaba hasta el máximo su cota de visitantes, la noche de Jueves Santo sobre las nueve de la noche comenzaba el peregrinar de los fieles hasta ella y las visitas la Santo Cristo. Era tal la devoción que se tenía al Santo Cristo de la ermita que la gente agradecida por las gracias recibidas, llevaba exvotos: brazos y piernas de cera, ropa, en su mayor parte de la mortaja de personas gravemente enfermas que mejoraba, y objetos de todo tipo.
Hacia la tercera década de nuestro siglo, la familia de Julián Alcázar y Estéfana Velasco, con sus hijos Matilde, Angel, Fernando, Bartolo, y otra niña que murió pronto, se trasladaron desde el pueblo a una pequeña casa aneja a la ermita donde vivieron hasta el mes de Agosto de 1936.
El cabeza de familia además de colchonero y santero, llevaba la cruz en los entierros y realizaba todo tipo de funciones propias de un ermitaño, entre otras enseñaba los Judíos. Con gran sencillez discurrió su vida en la ermita. En los últimos días de Julio y primeros de Agosto de 1936, grupos de incontrolados llevaron a cabo destrozos en los edificios religiosos de la villa, y en la ermita que nos ocupa se quemaron todos los exvotos y la talla de Jesús Crucificado patrón de la población. En las criptas se destruyeron las estatuas en un ochenta por ciento.
Perdida la utilidad religiosa y destruida su vivienda, la familia Alcázar-Velasco volvió al pueblo pasando a vivir a una casa de la plaza de toros, donde al poco tiempo falleció D. Julián Alcázar. Las circunstancias llevaron al resto de la familia a ir abandonando el pueblo poco a poco. Finalizada la contienda se dignificó la vivienda de los ermitaños, y otra familia del pueblo, la de D. Emilio Carretero Sebastián llegó a vivir a ella, permaneciendo algún tiempo, siendo una de sus ocupaciones el cuidado de la ermita. Cuando éstos abandonaron la vivienda ermitaña para regresar al pueblo, la ermita y los Judíos parcialmente destruidos cayeron en un letargo de varias décadas.
Con el año 1973 llegó el momento de la restauración y todo Mondéjar
lo vivió con el mayor entusiasmo. El fervor religioso de la población hacia el Cristo y
hacia la ermita se vio representado en la Hermandad del Santo Cristo que decidió comenzar
las pesquisas en pos de un probable arreglo. Se solicitaron presupuestos a diversos
artistas y al final se llegó a un acuerdo con D. Santiago Lara Molina, director técnico
del taller de escultura religiosa Nª Sª de la Asunción, en Socuéllamos (Ciudad Real).
Descripción del estado actual del monumento
Al final de un largo paseo flanqueado por árboles y modernas construcciones, encontramos un pequeño montículo coronado por la ermita de San Sebastián. Justo donde acaba el camino asfaltado y comienza la subida con grandes losas de piedra, que desafortunadamente rompen el entorno paisajístico, una señal impide el tránsito a los automóviles y al lado un cartel firmado por Gabriel Sánchez, da la bienvenida a los visitantes con estas palabras: "Ermita del Santo Cristo del Calvario. Se ruega a las personas que visiten este lugar lo hagan con el mayor respeto ya que en el se encuentra nuestro Santo Cristo del Calvario patrón de los mondejanos. Gracias".
La ermita no es muy grande, con una sola nave de forma rectangular. Tiene dos puertas, al Sur y Oeste respectivamente. La puerta Oeste tiene un porche a tres aguas sujeto por dos columnas de fuste liso, capitel dórico y un fuerte basamento cuadrado. La puerta, de madera está cobijada por arco de medio punto. Encima del porche, un óculo circular. Al sur se levanta otro soportal a tres aguas sujeto por columnas de hierro fundido con fuste estriado y capitel corintio. Esta obra se debe a los tiempos del sacerdote D. Casimiro Rivera en las postrimerías de los años veinte, ante la dificultad de sacar al Stº Cristo al hallarse tan bajos ambos porches. La puerta es un arco de medio punto, encima de la clave hay una lápida que reza: "Hermita del SSmo. Cristo del Calvario y de Sn Sebastian". La puerta de madera presenta sencillos baquetones como adorno.
La única nave posee bóveda esquifada plana y tiene unas dimensiones de 15,3 x 7,1 metros. En el altar principal situado a saliente, hay un pequeño retablo de reducidas dimensiones y de traza barroca de tres calles con cuatro columnas rectas decoradas con motivos vegetales, angelotes y querubines. En la calle central está la figura de San Sebastián. Dicho retablo está coronado por una cúpula escoltada por dos ángeles y en si parte superior una cruz de Santiago. Al lado derecho de éste hay otro retablo asimismo de reducidas dimensiones con la Virgen del Rosario y que presenta estípites que guardan un cuadro con la lucha de San Jorge y el Dragón.
Además de las puertas de entrada la ermita tiene otras cuatro puertas, dos que dar acceso a la cripta y están situadas a derecha e izquierda del altar, y junto a ellas, una que da a la sacristía y otra por la que se sube a casa de los ermitaños, la cual consta de cocina despensa y cuatro cuartos de escasas dimensiones y casi nula iluminación. Por el fondo del corto pasillo y por una escalera de ocho peldaños se llega a una cámara. También se puede acceder a la casa por una puerta exterior en el lado norte de la ermita. El ingreso a la cripta se hace por medio de dos puertas que tras un tramo de ocho gradas nos llevan hasta las figuras.
| "La Dormición de la
Virgen", corona la entrada al Velatorio de Cristo. Una figura de la Virgen
recostada con un libro en la mano en similar actitud al Doncel de Sigüenza. Esta imagen
desmerece del anterior paso por ser una efigie burda y sin ningún mérito artístico.
Todo el ámbito de entrada está recorrido por una orla de conchas. Los Judíos son en la actualidad un conjunto de 12 pasos escultóricos, que oscilan entre una y trece efigies, sumando un total de 75 imágenes. Todo ello situado en un pasadizo sobre el que está construida la casa ermitaña y que mide un total de 35 mts. de largo. |