Iglesia Parroquial

retablo parroquialDebe ser el primero y muy probablemente lo sea siempre para el viajero que en automóvil entra al pueblo y descansa en su Plaza Mayor, la iglesia parroquial dedicada a la advocación de Santa María Magdalena. Cubre el costado meridional de dicha plaza y en ella alza su mole pétrea y gris, airosa y elegante como un monumento renacentista que es, quizás demasiado aparatosa en su grandiosidad para el reducido espacio de la plaza.

Esta iglesia es una obra de arquitectura muy hermosa, de un estilo homogéneo construida en la primera mitad del siglo XVI a instancias del que entonces era señor de la villa, el primer marqués don Iñigo López de Mendoza. Se iniciaron los trabajos en 1516, bajo la dirección del arquitecto Cristóbal de Adonza, traído desde Granada donde había servido a las órdenes del marqués en la construcción de la famosa Capilla Real aneja a la catedral andaluza y de la que trató de poner, en fiel trasunto de trazas y estructura, una copia en La Alcarria.

Esta magna obra de arquitectura religiosa consta en su interior de tres naves de similar longitud, aunque algo más alargada la central a costa del presbiterio o capilla mayor y rematadas por bóvedas de crucería con elegantes tracerías nervadas, también más elevada la central que las laterales. El conjunto del ámbito arquitectónico respira un aire innegablemente gótico, que Cristóbal de Adonza, como hombre inspirado en las trazas transicionales propias del reinado de los Reyes Católicos, impuso a su obra. Pero sería el arquitecto continuador de la obra, su propio hijo Nicolás de Adonza, quien con nuevos ímpetus, ya claramente renacentistas, completara la obra.

Así, a este segundo se debe el coro alto que se sitúa en los pies del templo y que apoya sobre un ancho y magnífico arco escarzano, rematado por una baranda balaustrada, con un par de enormes medallones representando a San Pedro y San Pablo en las enjutas. Este coro mondejano es, quizás, una de las mejores obras del arte netamente plateresco en el territorio alcarreño. Presenta todavía restos de su primitiva policromía.

También a Nicolás de Adonza se deben las trazas de la sacristía, que es un salón de planta cuadrangular con pilastras adosadas y alta cúpula de tipo de crucería nervada. Además trazó las puertas de subida al coro desde la nave del evangelio y de entrada al coro en lo alto de éste, con estructuras platerescas muy llamativas y bellas. Finalmente, a Adonza hijo se deben las dos grandes portadas del exterior, en un estilo plenamente renacentista, de las cuales es la más hermosa sin duda la que sirve de acceso principal al templo, orientada al norte, sobre la plaza de la villa, en lo alto de la meseta a la que se accede mediante escalinatas dobles. Esta puerta se forma con un arco semicircular, escoltado de cuatro columnas de orden compuesto, rematando todo en un frontispicio angular con candeleros laterales. En el centro del frontis aparece un gran medallón con una imagen de la Magdalena y sobre el friso corre la leyenda "AVE REGINA CELORUM. AVE DOMINA ANGELORUM. SALVE". En las enjutas del arco aparecen sendos escudos nobiliarios del matrimonio constructor: don Luis Hurtado de Mendoza y doña Catalina de Mendoza. Y tras las columnas, que son exentas, aparece todo el paramento cubierto, sobre el fondo de almohadillado de estilo florentino, de grutescos y figurillas fantásticas, mascarones y un largo etcétera de motivos ornamentales a cuál más curioso. Todo ello se completa con un grueso cordón tallado en piedra que memoriza la pertenencia del marqués a la Orden Tercera franciscana.

La segunda de las portadas que hemos comentado se abre en el muro de poniente y es también, aunque más sencilla que la anterior, de estructura plateresca. Todavía el mismo arquitecto, Nicolás de Adonza, trazó y dirigió las obras de la torre de la iglesia, que ya casi mediado el siglo XVI puso su altiva silueta sobre el caserío, ofreciendo en sus muros los tallados escudos de la casa mendocina patrocinadora de tan extraordinaria obra arquitectónica.

El interior de la iglesia sorprende hoy por la limpia claridad de su arquitectura, diáfana y como transparente, a fuer de blancos los y muros y elegantes las proporciones. Casi vacía de antiguas riquezas, pues en la guerra civil de 1936-1939 sufrió un grave expolio que significó la pérdida de sus mejores y más queridas obras de arte. Hoy todavía puede el viajero contemplar el enterramiento de estilo gótico del canónigo toledano Marcos Díaz de Mondéjar, que fue obispo electo de Sigüenza y que finalmente descansó en el muro del evangelio de la parroquia natal, bajo una losa en la que se representa yacente y revestido al personaje, entre roleos y cardinas de pura traza gotizante.

En la nave de la epístola se abren algunas capillas a través de portadas renacentistas de sencillas líneas, con algunas rejas de no mal arte. Pero de cuantos retablos, azulejos, hierros, telas y ornamentos varios estaba provista casi nada ha llegado a nuestros días.

Por situar de algún modo la categoría que en el siglo XVI llegó a tener el templo parroquial de Mondéjar, debido a la voluntad de mecenazgo artístico de sus señores los marqueses, cabe aquí recordar cómo el retablo mayor fue realizado en Granada, entre 1555 y 1560, con trazas de Alonso de Covarrubias, esculturas de Nicolás de Vergara y Juan Bautista Vázquez y toda la pintura de Juan Correa de Vivar. En su parte alta el remate con los escudos mendocinos y en la baja y central un magnífico sagrario realizado en el siglo XVIII por Juan de Breda. Había un altar lateral de azulejería talaverana y un estupendo órgano obra de Manuel Caballero en el siglo XVIII.

Sin embargo, todavía guarda la parroquia mondejana algunos elementos muebles de suficiente calidad artística como para poder conformar con todo ello un Museo Parroquial de elevado rango. En este sentido destacan una buena serie de obras de orfebrería, de las que quizás la más notable sea la cruz parroquial labrada en plata a mediados del siglo XVI por el orfebre alcalaíno Juan Francisco. También es muy bella la custodia procesional, obra del madrileño Damián Zurreño en 1667. Su parte central, cuajada de piedras preciosas, representa un sol, escoltado por dos angelillos de cuerpo entero, portando un incensario cada uno. La basa de esta custodia está formada por dos bichas enfrentadas y en el pie aparecen cuatro angelillos. Aparte de estas piezas existen muchas otras navetas, incensarios, cálices, bandejas, portapaces, cubiertas de misal y un largo etcétera de brillantes y hermosas piezas de orfebrería.

Capítulo aparte merece la serie de ornamentos y bordados de esta parroquia. En ella es figura indiscutida, no sólo de Mondéjar sino de toda la provincia de Guadalajara, el llamado terno rico o de los apóstoles, que es un conjunto de casulla, capa y dos dalmáticas, en brocado y seda, con multitud de grandes medallones e imágenes bordadas representando apóstoles, mártires, padres de la Iglesia y una escena magnífica con la imagen de Santa María Magdalena, todo ello realizado en la primera mitad del siglo XVI en los talleres de bordado de Alcalá de Henares. Otro conjunto de este estilo es el llamado «terno del Ave María», de seda y brocado, en blanco, con los escudos de la familia Mendoza, donante de la colección. Además de todo ese tesoro de arte, la parroquia contiene un interesante y bien cuidado archivo parroquial.